Fuente: El Orden mundial. Joaquín Domínguez (2018). https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/principales-rutas-comerciales-maritimas-del-mundo/

La gestión de las cadenas de suministro (SCM) es un término que ha ganado en relevancia en los últimos tiempos, aunque no es nuevo. Surge en la década de 1980, cuando Keith Oliver lo mencionó en una entrevista para el Financial Times[1]. Se trataba entonces de un concepto estrictamente empresarial que abarcaba todas las fases y actores implicados desde la adquisición del material hasta la producción final de los bienes.

Con la llegada de la globalización y el aperturismo económico —la eliminación de aranceles, la simplificación de trámites y la estandarización de métodos de fabricación— las cadenas de suministro se hicieron. La deslocalización industrial hacia países asiáticos y latinoamericanos en un primer momento[2] y posteriormente hacia otras regiones del Sur Global, extendió estos mecanismos a miles de kilómetros y multiplicó los eslabones implicados.

Este crecimiento trajo consigo mayores dependencias y un número creciente de actores implicados. Durante décadas la relevancia de las cadenas de suministro se ceñía a garantizar su seguridad y a mantener la previsibilidad de la producción y suministro.

Pero esa previsibilidad ha quedado en el pasado. La irrupción del COVID-19 y el consiguiente cierre pandémico, la agresión rusa contra Ucrania, las tensiones en Oriente Medio y el retorno del proteccionismo en política exterior han mostrado que lo que parecía estable es, en realidad, vulnerable. Las cadenas de suministro han pasado de engranaje industrial a convertirse en un espacio central del poder geopolítico, donde se entrelazan seguridad, economía y competencia global.

Las cadenas de suministro actuales son globales: redes transfronterizas que integran actividades, instalaciones y medios de distribución. Esta configuración genera grandes interdependencias transnacionales e interregionales entre los distintos actores de la escena internacional. Cada uno de los eslabones que participan en la cadena depende de la situación, decisiones y estabilidad del anterior, lo que las convierte en estructuras sensibles a las tensiones, la incertidumbre o la inestabilidad. Cuantos más actores participan, mayor es la exposición a interrupciones y fallos y, por lo tanto, la vulnerabilidad del conjunto.

Esta vulnerabilidad se vuelve sistémica porque afecta a sectores clave del funcionamiento de un Estado. La mayor amenaza a la resiliencia de las cadenas de suministro es la interrupción de estos sectores críticos o el uso coercitivo de su control por otros actores. Ámbitos como la defensa —dependiente de componentes electrónicos como chips—, la energía —fundamental para el funcionamiento de cualquier economía— o las materias primas críticas —como las tierras raras—, son especialmente sensibles ante alteraciones o bloqueos en las cadenas de suministro.

Los últimos años han mostrado hasta qué punto estas cadenas de suministro son frágiles y se interrumpen con cierta facilidad. Las disrupciones son cada vez más frecuentes, desde la pandemia de COVID-19 hasta las actuales fricciones en torno al estrecho de Ormuz. Estas situaciones terminan convirtiéndose en shocks globales que afectan a la economía mundial y a múltiples cadenas de suministro. Las restricciones durante la pandemia[3] provocaron desabastecimientos en los mercados de todo el mundo, y afectación al transporte marítimo mundial. La invasión de Ucrania evidenció la fragilidad del suministro energético debido a las sanciones a Moscú, así como la vulnerabilidad del mercado de cereales, dado que Rusia y Ucrania concentraban en torno al 30% de la producción global de trigo[4]. Finalmente, las tensiones en torno al estrecho de Ormuz han reducido drásticamente el petróleo transportado por mar, afectando las cadenas de suministro y los precios de la energía a nivel mundial.

Estos episodios han dejado patente la importancia de controlar las cadenas de suministro o sus eslabones críticos. Los Estados han entendido la relevancia geopolítica de estos puntos de la industria mundial y se afanan en asegurar su dominio. El control sobre ciertos sectores o segmentos de la cadena otorgan poder e influencia, y pueden ser utilizados como mecanismo para salvaguardar los intereses propios, como muestran las restricciones chinas a la exportación de tierras raras en octubre de 2025 o las negociaciones de la guerra de Irán en las que Ormuz es uno de los elementos centrales.

El sector de la defensa y su evolución tecnológica es uno de los más expuestos a las vulnerabilidades de las cadenas de suministro. La industria de defensa incorpora cada vez más electrónica avanzada en sus sistemas, desde los armamentos tradicionales hasta capacidades emergentes como los drones. Esto hace que elementos como los chips o los semiconductores sean componentes esenciales, de los que su producción se concentra en gran medida en Asia: Taiwán fabrica más del 90% de los semiconductores avanzados del mundo[5] y Corea del Sur es otro de los actores clave. Esta concentración geográfica hace que los avances tecnológicos en la defensa dependan de unos pocos productores y sean especialmente sensible a cualquier disrupción que afecte a estas economías, en particular para actores alejados como los países occidentales.

La energía es un elemento fundamental para el funcionamiento de cualquier economía y constituye la base de todas las actividades industriales. Las fuentes fósiles siguen siendo predominantes, representando más del 32% del consumo mundial, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE)[6]. Su producción está concentrada en un número reducido de actores —destacan Oriente Próximo, EEUU o Venezuela, entre otros— y su transporte es principalmente marítimo a través de chokepoints o puntos críticos como el estrecho de Ormuz o el de Malaca. Esta combinación de factores de concentración geográfica y vulnerabilidad logística convierte la energía en un elemento especialmente expuesto a tensiones geopolíticas, como evidenciaron la pandemia de COVID-19 o el actual conflicto de Irán. Para regiones altamente dependientes como la UE, que en 2023 situaba su dependencia energética en torno al 58%[7], estos episodios han resaltado la necesidad de reducir vulnerabilidades mediante la transición energías renovables, al tiempo que se vigilan las nuevas dependencias respecto de las tecnologías necesarias para esta transición.

Para el desarrollo de nuevas tecnologías, la fabricación de coches eléctricos o la transición energética son imprescindibles minerales críticos como el litio, las tierras raras, el cobre, el cobalto o el grafito. Son elementos esenciales para la producción de chips, para la industria de defensa avanzada y para las tecnologías necesarias para la descarbonización. La cuestión clave es que su procesamiento y refinado se encuentra en manos de un número muy reducido de actores, con China en una posición claramente dominante. Pekín refina el 92% de las tierras raras y el 91% grafito, así como el 77% del cobalto y el 65% del litio, porcentajes que descienden al 44% en el caso del cobre y al 28% en el del níquel[8]. Esta concentración convierte los minerales críticos en una vulnerabilidad crítica para el resto de actores internacionales, cuyas cadenas de suministro quedan expuestas a las decisiones geopolíticas de Pekín.

En un contexto internacional en el que la economía es un instrumento geopolítico, EEUU y China llevan años adaptando sus cadenas de suministro mediante políticas industriales, orientadas a reducir dependencias y reforzar capacidades estratégicas. La UE, en cambio, ha iniciado este proceso más tarde, en parte por su estructura institucional, lo que limita su margen de maniobra. En un entorno cada vez más marcado por la competencia geoeconómica, Europa necesita acelerar este esfuerzo si quiere preservar su autonomía de decisión y capacidad de influencia.

El 96% del PIB de la UE está vinculado con el comercio internacional, lo que ha llevado a Europa a arrastrar grandes dependencias en sectores estratégicos. En defensa, la UE depende del exterior, con más de un 58% de las armas importadas procedentes de EEUU[9]. En energía, la UE sigue siendo vulnerable a la importación de combustibles fósiles y a la volatilidad de sus precios, por lo que resulta imprescindible acelerar en la transición energética sin generar nuevas dependencias tecnológicas. En cuanto a las materias primas críticas, la posición dominante de China en el refinado de estos materiales hace a la UE vulnerable en su transición hacia energías verdes, pues Pekín suministra el 100% de las tierras raras pesadas a la UE[10].

La respuesta de la UE ante estos desafíos se ha ido articulando en los últimos años mediante iniciativas como el Reglamento de Materias Primas Fundamentales, aprobado en marzo de 2024 por el Consejo Europeo, la European Chips Act, la Net Zero Industry Act o la Estrategia de Seguridad Económica de la UE. El denominador común está en reforzar la resiliencia en sectores estratégicos, diversificar productores y reducir vulnerabilidades. Se busca fortalecer la capacidad de producción de la industria europea para asegurar la competencia en tecnologías clave. En última instancia, estas tratan de avanzar hacia una autonomía estratégica que permita a los Veintisiete preservar su capacidad de decisión en un entorno internacional cada vez más competitiva.

En un escenario global marcado por la competencia geoeconómica, las vulnerabilidades de las cadenas de suministro se han mostrado estructurales y han adquirido relevancia estratégica. La seguridad económica y la resiliencia de las cadenas de suministro se han convertido en pilares fundamentales de la autonomía estratégica. En este contexto, la UE debe acelerar el esfuerzo ya emprendido si pretende preservar su capacidad de decisión y su influencia en la escena internacional.


[1] “Origen del término: cadena de suministro”; IMP CONSULTORES; https://www.impconsultores.com/origen-del-termino-cadena-de-suministro/

[2] “El mapa de la deslocalización industrial durante el siglo XX”, Á. MERINO; https://elordenmundial.com/mapas-y-graficos/mapa-deslocalizacion-industrial/

[3] “El Covid-19 y sus impactos en la cadena de suministro”; GENERIX; https://www.generixgroup.com/es/blog/covid-19-impacto-cadena-suministro

[4] “Logística y transporte Guerra Ucrania: el impacto del conflicto bélico en la cadena de suministro”; V. FERNÁNDEZ CALVO; https://www.generixgroup.com/es/blog/covid-19-impacto-cadena-suministro

[5] “¿Dónde se están construyendo actualmente fábricas de semiconductores en todo el mundo?”; M. ADAMS; https://www.z2data.com/insights/where-are-semiconductor-fabs-currently-being-built-around-the-world#:~:text=Asia%20dominates%20global%20semiconductor%20production,and%20the%20Semiconductor%20Industry%20Association.

[6] “¿Cuál es la fuente de energía más utilizada en todo el mundo?; J.C. RAMOS; https://azcatec.com/cual-es-la-fuente-de-energia-mas-utilizada-en-todo-el-mundo/

[7] “Estadísticas energéticas: una visión global”; EUROSTAT; https://ec.europa.eu/eurostat/statistics-explained/index.php?title=Energy_statistics_-_an_overview#Footnotes

[8] “Las fuerzas que mueven el mundo”; EL ORDEN MUNDIAL; https://www.casadellibro.com/libro-las-fuerzas-que-mueven-el-mundo/9788434439658/17135245?srsltid=AfmBOooiAXld0y8GnGfAtPXWBsKPsnZ7YooIR6MuGRr-LFAZxE1Sg-8z

[9] “Europa ha triplicado sus compras de armamento a EEUU en los últimos cinco años”; G. SORIANO; https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/5800929/europa-triplicado-compras-armamento-eeuu-ultimos-cinco-anos

[10] “Reglamento de Materias Primas Fundamentales”; CONSEJO EUROPEO; https://www.consilium.europa.eu/es/infographics/critical-raw-materials/#why